En un vertiginoso despliegue de piruetas políticas, la postura de Tailandia sobre el cannabis ha cambiado una vez más, dejando a los observadores preguntándose si el coqueteo de la nación del sudeste asiático con la reforma del cannabis se ha esfumado.

La fiebre verde que no fue

Cuando Tailandia despenalizó el cannabis en 2022, desencadenó una verde visión de renovación económica.

Los empresarios, tanto locales como extranjeros, se apresuraron a sacar provecho de lo que parecía ser la política de drogas más progresista de Asia.

Los cannabis cafés brotaron como la mala hierba y los minoristas ofrecían de todo, desde tés con THC hasta aceites de masaje a base de cannabis.

Pero la ausencia de una normativa clara convirtió este sueño verde en una nebulosa pesadilla.

La preocupación pública por el uso recreativo descontrolado creció, obligando al gobierno a un precario equilibrio entre la oportunidad económica y la responsabilidad social.

La patata caliente política

La actual administración, dirigida por el partido Pheu Thai, adoptó inicialmente una postura de línea dura, prometiendo volver a penalizar el cannabis a finales de año.

El decreto del Primer Ministro, Srettha Thavisin, causó conmoción en el floreciente sector, amenazando con desarraigar miles de empresas y poner en peligro miles de millones de ingresos potenciales.

Sin embargo, en un giro digno de un thriller político, el viceprimer ministro Anutin Charnvirakul -cuyo partido, Bhumjaithai, defendía la despenalización- ha negociado un compromiso.

Tras reunirse a puerta cerrada con el Primer Ministro, Anutin presentó un nuevo plan: legislación para controlar el consumo de cannabis en lugar de una prohibición total.

El arte de negociar

Este giro político revela la delicada danza de la política de coaliciones. Bhumjaithai, el segundo partido más grande de la coalición gobernante, ha defendido firmemente la despenalización del cannabis como piedra angular de su plataforma.

La influencia del partido quedó patente en una reciente reunión social en la que Anutin recibió al ex primer ministro Thaksin Shinawatra, poderosa figura de la política tailandesa y padre del líder nominal de Pheu Thai.

Aunque Anutin insiste en que la reunión fue puramente social, el momento elegido sugiere una maniobra política magistral.

Aprovechando las relaciones personales y la influencia del partido, Bhumjaithai puede haber conseguido alejar al gobierno de una posible política de fractura de la coalición.

Un futuro incierto

Mientras Tailandia lidia con este último cambio de política, la industria del cannabis se encuentra en el limbo.

La legislación propuesta promete ser un campo de batalla en el que los intereses económicos chocarán con las preocupaciones por la salud pública.

El Gobierno se enfrenta ahora a la hercúlea tarea de elaborar una normativa que pueda enhebrar la aguja entre la autorización de usos médicos y económicos y la restricción del consumo recreativo.

A medida que los proyectos de ley avanzan en el Parlamento, todas las miradas se centran en cómo Tailandia aborda esta compleja cuestión.

Al final, la saga del cannabis en Tailandia sirve de advertencia sobre los peligros de los cambios rápidos de política sin una planificación exhaustiva.

Mientras el país sigue abriendo camino, el mundo observa, preguntándose si este último giro conducirá a un modelo de reforma responsable del cannabis o si es simplemente otra bocanada de humo en los vientos del cambio.