En 2018, el gobierno del Reino Unido hizo una enmienda muy publicitada a su política de drogas, permitiendo la prescripción de cannabis con fines médicos.
Esto fue aclamado como un paso progresista, pero la realidad ha estado muy lejos de ello. La enmienda no es más que una cortina de humo que ha hecho poco por aliviar el sufrimiento de los pacientes que podrían beneficiarse del cannabis medicinal.
El cambio de política no se ha traducido en un acceso fácil para los pacientes, y esto es poco menos que una parodia de la justicia. Es una bofetada en la cara de quienes creían que el Reino Unido estaba por fin alineando sus anticuadas políticas sobre medicamentos con las pruebas científicas y la compasión humana.
El sufrimiento a puerta cerrada
El estudio realizado por Helen Beckett Wilson y Lindsey Metcalf McGrath es significativo porque es el primer estudio cualitativo que profundiza en las experiencias de las personas a las que se ha recetado cannabis en el Reino Unido. Lo que revela es desgarrador.
Los pacientes han informado de mejoras significativas en su salud mental y física tras consumir cannabis.
Sin embargo, se enfrentan a obstáculos insalvables, como la falta de financiación, los trámites burocráticos y la falta de formación de los profesionales sanitarios. No se trata sólo de un fracaso político, sino de una violación de los derechos humanos.
El estigma: un doble golpe
Por si el sufrimiento físico y mental no fuera suficiente, los pacientes tienen que enfrentarse al estigma social que conlleva el consumo de cannabis.
La actual criminalización del cannabis en el Reino Unido ha llevado a una situación de estigmatización y marginación de los pacientes.
Se trata de un doble golpe para los pacientes que ya padecen enfermedades debilitantes. La falta de acción del gobierno británico está perpetuando este dañino estigma, y ya es hora de que esto cambie.
Daños sociales incalculables
El estudio emplea un enfoque zemiológico para arrojar luz sobre los daños sociales causados por la política de cannabis del Reino Unido. Este enfoque examina el sufrimiento a nivel social y estructural que a menudo queda oculto, pero que es consecuencia directa del fracaso de las políticas.
El estudio identifica tres tipos de daños: daños a la salud física/mental, daños a la autonomía y daños relacionales.
No se trata sólo de política; se trata de sufrimiento humano a gran escala. La inacción del gobierno está causando un daño incalculable a sus ciudadanos, y esto es inaceptable.

La ignorancia de las pruebas del mundo real
La reticencia del Reino Unido a reconocer las pruebas del mundo real no sólo es frustrante; es exasperante. El Proyecto Twenty21 está proporcionando datos valiosos sobre la eficacia del cannabis medicinal, pero el Gobierno hace la vista gorda.
Esto plantea interrogantes sobre si esta ignorancia es deliberada. ¿Ignoran las pruebas para satisfacer sus propios intereses? Si es así, se trata de un grave abuso de poder que está causando un sufrimiento innecesario.
Ha llegado la hora de una revisión radical
El estudio concluye formulando recomendaciones sobre la igualdad en el acceso de los pacientes y la necesidad de cambios educativos y políticos.
Pero no se trata sólo de recomendaciones, sino de llamamientos urgentes a la acción. El gobierno británico tiene que despertar y darse cuenta del daño que está causando.
Ha llegado el momento de revisar radicalmente la política sobre el cannabis medicinal en el Reino Unido. Cualquier otra cosa es una traición a las personas a las que se supone que sirve.


