Durante décadas, el cannabis ha estado envuelto en la polémica, y los gobiernos de todo el mundo han aplicado estrictas prohibiciones para frenar su cultivo y consumo.

Sin embargo, este enfoque ha hecho más mal que bien, dando lugar a un sinfín de consecuencias imprevistas que han asolado sociedades de todo el mundo. En esta lista, analizamos los efectos perjudiciales de la prohibición del cannabis, explorando cómo ha alimentado la delincuencia, socavado la salud pública y erosionado las libertades civiles.

Al arrojar luz sobre estos costes ocultos, pretendemos estimular una muy necesaria reevaluación de las actuales políticas mundiales sobre drogas y allanar el camino a reformas basadas en pruebas que den prioridad al bienestar público sobre los sesgos ideológicos.

1. Pérdida de ingresos fiscales

Legalizar el cannabis podría generar hasta 650 millones de libras en ingresos fiscales anuales en el Reino Unido, según un informe del Centro de Investigación Económica y Empresarial.

Esta pérdida de ingresos fiscales afecta no sólo al presupuesto del gobierno, sino también a su capacidad para invertir en servicios públicos, mejoras de las infraestructuras y programas sociales.

Legalizar el cannabis permitiría a los gobiernos generar fondos adicionales que podrían utilizarse para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, crear nuevos puestos de trabajo y fortalecer la economía.

Además, la legalización podría traducirse en un aumento de los ingresos fiscales procedentes de otras fuentes, como el turismo y las tasas por licencias. No cabe duda de que los beneficios potenciales de la legalización del cannabis superan con creces los riesgos asociados a su situación ilegal, incluida la pérdida de ingresos fiscales.

2. Aumento de la actividad en el mercado negro

La aplicación de la prohibición del cannabis ha llevado sus ventas a las sombras de un mercado negro no regulado, que ahora representa una industria estimada en 1.000 millones de libras sólo en el Reino Unido.

Como resultado, la venta de cannabis ya no está sujeta a ningún tipo de regulación o control gubernamental, lo que ha llevado a que sea monopolizada por organizaciones delictivas.

La falta de supervisión y de normativas estrictas permite a estos sindicatos del crimen ejercer el control sobre la distribución y venta de cannabis, perpetuando así un ciclo que contribuye significativamente al crimen organizado y a la violencia en la región.

Para frenar este comercio ilícito, es importante implantar marcos normativos que contemplen la venta y el consumo legales de cannabis.

Esto garantizará que el mercado esté debidamente vigilado y controlado por las fuerzas de seguridad, lo que lo hará menos atractivo para las organizaciones delictivas.

Además, la regulación del mercado también permitiría una fiscalidad adecuada, que podría utilizarse para financiar programas sociales destinados a prevenir el consumo de drogas y abordar las causas profundas de la adicción.

Es crucial que los gobiernos de todo el mundo reconozcan los efectos perjudiciales que la prohibición del cannabis tiene en la sociedad, sobre todo a la hora de alimentar el crimen organizado y la violencia.

3. Control de calidad reducido

El cannabis adquirido en el mercado negro puede contener aditivos nocivos o estar falseado en cuanto a su potencia o composición química. Esto plantea importantes riesgos para la salud de los consumidores.

El control de calidad de los productos del cannabis es un aspecto crucial que garantiza la seguridad del consumidor y la eficacia del producto. Sin embargo, la reducción del control de calidad es una de las principales preocupaciones cuando se compra cannabis en el mercado negro.

El cannabis del mercado negro puede contener aditivos nocivos o estar falseado en términos de potencia o composición química, lo que plantea importantes riesgos para la salud de los consumidores.

Existen varios problemas potenciales asociados a la reducción del control de calidad en el mercado negro. En primer lugar, la presencia de aditivos nocivos como pesticidas, metales pesados y disolventes puede ser perjudicial para la salud del consumidor.

Estos contaminantes pueden causar intoxicaciones agudas o efectos sobre la salud a largo plazo, como daños orgánicos, trastornos neurológicos y cáncer.

En segundo lugar, la tergiversación de la potencia o la composición química puede provocar efectos inesperados o reacciones adversas.

Los productos de cannabis del mercado negro pueden estar incorrectamente etiquetados con su contenido de THC o CBD, lo que podría dar lugar a que los usuarios consuman más o menos de estos compuestos de lo previsto. Esto puede dar lugar a experiencias impredecibles y a posibles riesgos para la salud, especialmente en el caso de personas con enfermedades o sensibilidades específicas.

Aunque es muy poco habitual, el cannabis del mercado negro puede estar contaminado con otras sustancias, como cannabinoides sintéticos u opiáceos, que son muy peligrosas y potencialmente letales. Los consumidores desprevenidos pueden consumir estas sustancias sin saberlo, poniéndose en riesgo de sufrir daños graves.

Otro motivo de preocupación es la falta de normalización de los productos de cannabis del mercado negro. Sin medidas adecuadas de control de calidad, no hay garantía de que la composición del producto se mantenga constante de un lote a otro.

Esta incoherencia puede dar lugar a efectos y experiencias de consumo variables, lo que dificulta que los consumidores determinen la dosis o la cepa adecuada para sus necesidades.

Además, la reducción del control de calidad en el mercado negro puede dar lugar a que los productos se vendan más allá de su fecha de caducidad o con condiciones de almacenamiento comprometidas.

Consumir cannabis caducado o almacenado de forma inadecuada puede provocar la degradación de los compuestos activos y aumentar la contaminación microbiana, lo que afecta negativamente tanto a la seguridad como a la eficacia.

4. Prevención de la investigación sobre posibles beneficios médicos

La prevención de la investigación sobre los posibles beneficios médicos del cannabis en el Reino Unido se debe en gran medida a una legislación restrictiva que limita el número de estudios autorizados por el Ministerio del Interior. Esto restringe los avances en la comprensión y el aprovechamiento de las propiedades terapéuticas de la planta.

Uno de los factores clave que contribuyen a la restricción de la investigación sobre el cannabis en el Reino Unido es su clasificación como droga de la Lista 1 en virtud de la Ley sobre el Uso Indebido de Drogas de 1971. Esta clasificación reserva el cannabis únicamente para fines de investigación y ha dado lugar a una percepción anticuada de la planta como carente de cualquier valor terapéutico. En consecuencia, los científicos que trabajan en proyectos relacionados con el cannabis suelen tener dificultades para conseguir financiación para sus estudios.

Además, el actual panorama legal en torno al cannabis ha dificultado la obtención de muestras consistentes con fines de investigación.

En el Reino Unido, el cannabis sigue siendo ilegal para uso recreativo y sólo está disponible a través del programa gubernamental de prescripción de aceite de cannabis o con una licencia especial del Ministerio del Interior. Esta falta de accesibilidad ha dado lugar a un cuerpo inconsistente de investigación sobre el cannabis, lo que dificulta aún más el progreso en la comprensión de sus posibles beneficios médicos.

5. Criminalización de delincuentes no violentos

Criminalización de delincuentes no violentos: Se calcula que 200.000 personas son detenidas cada año por posesión de cannabis en Inglaterra y Gales, lo que afecta de forma desproporcionada a las comunidades marginadas.

Muchas de estas personas se enfrentan a una estigmatización de por vida debido a sus antecedentes penales, lo que afecta a sus perspectivas de empleo y a su movilidad social. Es crucial reconocer los importantes costes sociales asociados a este encarcelamiento masivo, como el aumento de las tasas de reincidencia y la sobrecarga de los recursos públicos.

Además, estas políticas perpetúan el racismo sistémico, ya que las personas de raza negra tienen el doble de probabilidades de ser detenidas por posesión de cannabis que las de raza blanca.

Las detenciones pueden acarrear consecuencias duraderas, como el desalojo de viviendas públicas o la pérdida de licencias profesionales, afianzando aún más la desigualdad socioeconómica.

6. Despilfarro de recursos policiales

Aplicar la prohibición del cannabis supone un importante despilfarro de valiosos recursos policiales en el Reino Unido. Según las estimaciones, cuesta aproximadamente 150 millones de libras esterlinas al año destinar tiempo y esfuerzos policiales y judiciales a hacer cumplir las leyes sobre el cannabis.

Este importante gasto podría utilizarse mejor para hacer frente a los delitos violentos y graves que suponen una mayor amenaza para la seguridad pública.

La prohibición del cannabis supone una carga excesiva para las fuerzas del orden, que desvían su atención de problemas más acuciantes como la violencia relacionada con las bandas, la ciberdelincuencia, el terrorismo y el crimen organizado.

Dedicando estos recursos a otros ámbitos, la policía estaría mejor equipada para combatir delitos más graves que repercuten directamente en el bienestar de las personas y las comunidades.

Además, los 150 millones de libras gastados en hacer cumplir la prohibición del cannabis podrían destinarse a mejorar las estrategias existentes de prevención de la delincuencia, apoyar a las víctimas de delitos y mejorar las iniciativas de policía de proximidad.

Estos usos alternativos de los fondos permitirían a las fuerzas del orden fomentar vínculos más estrechos con las comunidades locales, lo que daría lugar a un planteamiento de mayor colaboración en la lucha contra las actividades delictivas.

Además de la carga financiera, la aplicación de la prohibición del cannabis también ha provocado un aumento de la población carcelaria, lo que ha sobrecargado aún más un sistema ya de por sí sobrecargado. El encarcelamiento de personas por delitos relacionados con el cannabis ocupa espacio que podría utilizarse para detener a acusados de delitos más graves.

También hay cada vez más pruebas que demuestran que la guerra contra las drogas ha sido ineficaz para lograr sus objetivos. Varios países de todo el mundo han tomado medidas para despenalizar o legalizar de alguna forma el cannabis, reconociendo los beneficios potenciales de regular su consumo y venta.

Este cambio hacia la regulación ha dado lugar a resultados positivos, como la reducción de los índices de delincuencia, el aumento de los ingresos fiscales y la disminución de la presión sobre los recursos policiales.

Aplicar la prohibición del cannabis supone un derroche innecesario de valiosos recursos policiales en el Reino Unido y en otros países. Los 150 millones de libras esterlinas que se calcula que se gastan cada año en el Reino Unido podrían utilizarse mejor para hacer frente a delitos violentos y graves, mejorar las iniciativas de policía de proximidad y potenciar las estrategias de prevención de la delincuencia.

Los datos de otros países sugieren que la regulación del cannabis puede dar lugar a resultados positivos en términos de reducción de los índices de delincuencia, aumento de los ingresos fiscales y una asignación más eficaz de los recursos policiales.

7. Socavación de la confianza en el sistema judicial

La severa aplicación de las leyes que prohíben el cannabis ha provocado un importante deterioro de la confianza de los ciudadanos en la policía y los tribunales, sobre todo en las comunidades más afectadas por las medidas represivas. Esta desconfianza puede atribuirse a varios factores, entre ellos:

a. Disparidad en la aplicación - Las leyes de prohibición del cannabis se han aplicado de forma desigual en muchos países, y algunas comunidades se enfrentan a penas más duras y a detenciones más frecuentes que otras. Esta disparidad ha generado sentimientos de injusticia y parcialidad en las comunidades afectadas, alimentando un sentimiento de desconfianza hacia las fuerzas del orden y los tribunales.

b. Criminalización de grupos marginados - La aplicación con mano dura de las leyes de prohibición del cannabis se ha dirigido de forma desproporcionada a grupos marginados como las minorías étnicas, las personas con bajos ingresos y las personas con problemas de salud mental. Estas comunidades se han visto sometidas a tácticas policiales agresivas, lo que ha provocado un aumento de la desconfianza hacia el sistema judicial y la sensación de ser perseguidos injustamente.

c. Uso ineficaz de los recursos - La aplicación de las leyes de prohibición del cannabis ha desviado valiosos recursos de la atención de asuntos penales más apremiantes. Al centrarse en delitos no violentos relacionados con el cannabis, los organismos encargados de hacer cumplir la ley no han podido dedicar suficiente tiempo y esfuerzo a hacer frente a delitos más graves, como los delitos violentos y la delincuencia organizada. Este uso ineficaz de los recursos socava aún más la confianza en el sistema judicial, ya que las comunidades ven cómo se pasan por alto sus necesidades.

d. Estigma asociado al consumo de drogas - La prohibición del cannabis ha perpetuado el estigma que rodea al consumo de drogas, lo que a su vez ha dado lugar a actitudes sesgadas hacia quienes consumen o poseen la sustancia. Este estigma puede dar lugar a que las personas reciban un trato más duro por parte de las fuerzas del orden y los tribunales que el que recibirían por delitos similares relacionados con otras sustancias, lo que contribuye aún más a la desconfianza dentro de las comunidades afectadas.

e. Deterioro de las relaciones entre la policía y la comunidad - La aplicación con mano dura de las leyes de prohibición del cannabis ha contribuido a la ruptura de la confianza entre las comunidades locales y las fuerzas del orden. Los residentes de las zonas más afectadas por estas medidas suelen tener la sensación de que la policía no actúa en su propio interés, lo que aumenta las tensiones y la hostilidad.

8. Prevención de la investigación en educación para la salud pública

La prevención de la investigación en materia de educación para la salud pública en relación con el consumo de cannabis en el Reino Unido es una preocupación importante, ya que obstaculiza el desarrollo de campañas eficaces para educar al público sobre los daños potenciales asociados a su uso. La falta de una investigación exhaustiva dificulta a las autoridades la elaboración de estrategias informadas que aborden la cuestión de frente, y este temor a la criminalización sólo sirve para exacerbar el problema.

Otro factor que dificulta la investigación son los distintos niveles de potencia del cannabis a lo largo del tiempo. A medida que se hacen más accesibles nuevas cepas y formas de la droga, como los cannabinoides sintéticos o "Spice", resulta cada vez más difícil estudiar los efectos del cannabis sobre la salud física y mental de forma coherente.

Esto complica aún más los esfuerzos por comprender las repercusiones a largo plazo de su uso en las personas y las comunidades.

La falta de investigación en materia de educación para la salud pública en torno al cannabis significa que las autoridades no pueden informar adecuadamente al público sobre los riesgos asociados a su consumo. Sin esta información vital, la gente puede seguir consumiendo cannabis sin comprender los daños potenciales que puede causar a su bienestar físico y mental.

9. Mala asignación de los servicios sociales

En el Reino Unido, los recursos dedicados a hacer cumplir la prohibición del cannabis podrían destinarse mejor a abordar otros problemas acuciantes, como las adicciones, la salud mental y la falta de vivienda.

El Reino Unido tiene un sistema de servicios sociales bien establecido que proporciona apoyo a las personas y familias necesitadas. Sin embargo, las políticas actuales y la atención prestada a la prohibición del cannabis desvían importantes recursos de cuestiones más acuciantes.

Según el Servicio Nacional de Salud (NHS), la drogadicción afecta cada año a cientos de miles de personas en el Reino Unido.

La mala asignación de los recursos de los servicios sociales para hacer cumplir la prohibición del cannabis significa que hay menos fondos disponibles para programas de tratamiento y apoyo a quienes luchan contra drogas más peligrosas como la heroína, la cocaína y la metanfetamina.

La salud mental es otro ámbito en el que el Reino Unido se enfrenta a importantes retos. La Mental Health Foundation calcula que 1 de cada 6 personas en el Reino Unido sufre un problema de salud mental cada semana.

Con los limitados recursos disponibles para los servicios de salud mental, la imposición de la prohibición del cannabis desvía la atención y los fondos del tratamiento y el apoyo a las personas con problemas de salud mental.

La falta de vivienda es otro problema acuciante que afecta a muchas personas en el Reino Unido. Según Shelter, más de 276.000 personas carecen de hogar en el país una noche cualquiera.

La mala asignación de los recursos de los servicios sociales hacia la prohibición del cannabis significa que hay menos fondos disponibles para los servicios de vivienda y apoyo a las personas sin hogar o en riesgo de quedarse sin hogar.

10. Estigmatización de los consumidores de cannabis

La estigmatización de los consumidores de cannabis en el Reino Unido es una preocupación importante que surge como consecuencia de su estatus de prohibición. Este estigma perpetúa los estereotipos negativos y la discriminación contra las personas que consumen cannabis, lo que conduce al aislamiento social, el aumento del estrés y la exacerbación de los problemas de salud mental.

Para comprender mejor esta cuestión, es esencial profundizar en los factores que contribuyen a esta estigmatización, así como en sus implicaciones en la vida de los usuarios y en la sociedad en su conjunto.

En primer lugar, la prohibición del cannabis en el Reino Unido se remonta a la Ley sobre el Uso Indebido de Drogas de 1971, que lo clasifica como droga de clase B, junto a sustancias como las anfetaminas y los barbitúricos.

Este marco legislativo ha contribuido a perpetuar ideas erróneas sobre los consumidores de cannabis. El público en general puede asociar a los consumidores con rasgos negativos como la pereza, la irresponsabilidad o la criminalidad, a pesar de las pruebas que sugieren que el consumo de cannabis no conduce necesariamente a estos comportamientos.

Además, los medios de comunicación han desempeñado un papel importante en el refuerzo de estos estereotipos. Los titulares y reportajes sensacionalistas suelen presentar a los consumidores de cannabis como personas peligrosas implicadas en actividades delictivas, lo que refuerza aún más el estigma asociado a su consumo.

Esta imagen negativa puede crear barreras para los usuarios que buscan empleo, vivienda u otros servicios esenciales, ya que los posibles proveedores pueden discriminar basándose en estas creencias prejuiciosas.

Además, la estigmatización de los consumidores de cannabis puede provocar aislamiento social. Los amigos y familiares pueden distanciarse de las personas que consumen cannabis, debido a las presiones sociales o al miedo a ser asociados con estereotipos negativos.

Esta exclusión social puede contribuir a que los usuarios se sientan solos y deprimidos, sobre todo si no pueden hablar abiertamente de sus experiencias o buscar el apoyo de sus allegados.

Además, el estigma que rodea al consumo de cannabis tiene importantes implicaciones para la salud mental. Las personas que consumen cannabis ya pueden ser más susceptibles a la ansiedad, la depresión u otros problemas psicológicos debido a la automedicación o a predisposiciones existentes.

El estrés añadido del aislamiento social y la discriminación pueden exacerbar estos síntomas, pudiendo conducir a problemas de salud mental más graves o incluso a ideas de suicidio en casos extremos.

11. Daño a las libertades civiles

La aplicación de la prohibición del cannabis en el Reino Unido ha tenido un impacto significativo en las libertades civiles, ya que a menudo requiere registros intrusivos, detenciones y vigilancia de personas que no están implicadas en ninguna actividad delictiva. El resultado es la vulneración de los derechos a la intimidad y a la libertad de muchos ciudadanos.

Una de las principales formas en que se ven afectadas las libertades civiles es mediante el uso de registros intrusivos por parte de los agentes del orden. Con el fin de hacer cumplir la prohibición del cannabis, los agentes de policía pueden realizar registros aleatorios de personas, sus pertenencias o sus vehículos sin sospecha razonable ni causa probable. Esto vulnera el derecho a la intimidad de las personas y puede dar lugar a un acoso y una intimidación innecesarios.

Además, las detenciones son otro método utilizado para hacer cumplir la prohibición del cannabis, que también vulnera las libertades civiles de las personas.

Los ciudadanos pueden ser detenidos y acusados de posesión o distribución de cannabis, incluso por pequeñas cantidades destinadas al consumo personal. Esto puede dar lugar a antecedentes penales, multas o incluso penas de prisión, lo que repercute negativamente en sus perspectivas de futuro y su reputación.

La vigilancia es otra herramienta utilizada por las fuerzas del orden para hacer cumplir la prohibición del cannabis, que a menudo implica la vigilancia de las comunicaciones, el seguimiento de los movimientos y la infiltración en las comunidades.

Este tipo de vigilancia puede tener un efecto amedrentador sobre la libertad de expresión y asociación de las personas, que pueden dudar a la hora de participar en actividades o debates relacionados con el cannabis por miedo a ser vigiladas o investigadas por las autoridades.

Además, la aplicación de la prohibición del cannabis afecta de forma desproporcionada a determinadas comunidades, en particular a las de origen negro, asiático y de minorías étnicas.

La investigación ha demostrado que las personas de las comunidades BAME tienen más probabilidades de ser detenidas y registradas por la policía, y también están sobrerrepresentadas en las detenciones y condenas relacionadas con el cannabis. Esto pone de relieve cómo las políticas de prohibición del cannabis pueden contribuir a las disparidades raciales y a la discriminación en la sociedad.

12. Fomento de la violencia en los mercados de drogas

El fomento de la violencia en los mercados de drogas es otra consecuencia negativa de la aplicación de la prohibición del cannabis en el Reino Unido.

Debido a la naturaleza ilícita del mercado negro, los traficantes recurren a menudo a medios violentos para proteger sus territorios y beneficios, con lo que no sólo se ponen en peligro a sí mismos, sino también a transeúntes inocentes y miembros de la comunidad.

Una de las principales razones de esta violencia es la competencia entre los distintos grupos o bandas de narcotraficantes para controlar la cadena de suministro y maximizar los beneficios.

Esta competencia puede desembocar en guerras territoriales, en las que cada grupo intenta establecer su dominio sobre un territorio concreto eliminando a los traficantes rivales o robándoles sus suministros. Como resultado, las comunidades afectadas por estos mercados negros suelen experimentar mayores niveles de violencia, delincuencia y malestar social.

Además de las guerras territoriales, la naturaleza ilícita del tráfico de drogas también implica que los traficantes pueden recurrir a tácticas de intimidación y coacción para asegurarse el cumplimiento de las normas por parte de proveedores y clientes.

Esto puede incluir amenazas físicas, chantaje o extorsión, que pueden crear una atmósfera de miedo en las comunidades locales y desalentar la denuncia de actividades ilegales a las autoridades.

13. Pérdida de ingresos potenciales por turismo

La aplicación de leyes estrictas sobre el cannabis en el Reino Unido también puede provocar la pérdida de ingresos potenciales por turismo.

Muchos viajeros, en particular los procedentes de países donde el consumo de cannabis está más aceptado socialmente o incluso regulado legalmente, pueden verse disuadidos de visitar el Reino Unido por temor a enfrentarse a sanciones por posesión o consumo de cannabis. Esto puede tener un impacto negativo en las economías locales que dependen en gran medida del turismo para su subsistencia.

Un ejemplo de las posibles consecuencias económicas de unas leyes estrictas sobre el cannabis lo ofrece un estudio realizado por la Drug Policy Alliance, según el cual aproximadamente el 40% de los estadounidenses apoya la legalización de la marihuana.

Si estas personas optaran por visitar otro país con políticas sobre el cannabis más relajadas que las del Reino Unido, esto podría suponer una disminución significativa de los ingresos relacionados con el turismo para las empresas y comunidades que dependen de los visitantes estadounidenses.

De hecho, mantener la prohibición del cannabis también puede disuadir a empresarios e inversores de crear negocios en el Reino Unido que atiendan específicamente al creciente mercado mundial de productos derivados del cannabis, como tiendas minoristas o servicios turísticos.

Esto puede limitar el crecimiento económico y la creación de empleo en esta industria emergente, contribuyendo además a la pérdida de ingresos potenciales del turismo.

14. Impacto negativo en las comunidades indígenas

La aplicación de la prohibición del cannabis también puede tener implicaciones negativas para las comunidades indígenas que mantienen una profunda conexión cultural e histórica con la planta.

Los indígenas pueden enfrentarse a penas y consecuencias desproporcionadas como resultado de su relación con el cannabis, lo que conduce a una mayor marginación dentro de la sociedad.

Esta cuestión es especialmente relevante en países como Canadá, donde los pueblos indígenas han abogado con éxito por un mayor reconocimiento de su uso espiritual y medicinal del cannabis.

En 2018, el gobierno canadiense aprobó una ley para legalizar el cannabis recreativo en todo el país, que también incluía disposiciones que reconocían los derechos culturales y tradicionales de las comunidades indígenas a cultivar y consumir cannabis con fines ceremoniales.

Sin embargo, a pesar de estos avances en la legislación, muchos indígenas siguen sufriendo las consecuencias negativas de la prohibición del cannabis debido a la discriminación y el racismo sistémicos que persisten en el sistema de justicia penal.

Como resultado, pueden enfrentarse a un mayor escrutinio o a penas más duras en comparación con las personas no indígenas que participan en actividades similares relacionadas con el cannabis.

Además, la imposición de la prohibición del cannabis puede tener efectos perjudiciales para las comunidades indígenas, al desviar recursos de la resolución de problemas más acuciantes, como la pobreza, el abuso de sustancias y las crisis de salud mental de estas poblaciones.

En lugar de centrarse en la curación y el desarrollo de la comunidad, los esfuerzos de las fuerzas de seguridad pueden exacerbar los problemas existentes y perpetuar los ciclos de violencia y los traumas intergeneracionales que sufren muchos indígenas.

15. Presión sobre los recursos penitenciarios

En el Reino Unido, por ejemplo, miles de personas están encarceladas por delitos no violentos relacionados con el cannabis, lo que consume mucho espacio y fondos en un sistema penitenciario ya de por sí saturado.

Según un informe del Consejo Asesor sobre el Uso Indebido de Drogas (ACMD), alrededor del 90% de los presos por consumo de cannabis no tienen antecedentes de violencia o conducta delictiva grave, lo que indica que su encarcelamiento puede no estar justificado dado el bajo riesgo que suponen para la seguridad pública.

El informe ACMD también encontró que la posesión de cannabis representó una proporción significativa de todos los delitos relacionados con las drogas en Inglaterra y Gales entre 2013 y 2014, lo que pone de relieve la presión que estos delitos suponen para el sistema de justicia penal.

Además, el coste de encarcelar a estas personas es considerable; según estimaciones del Centro para la Justicia Social, albergar a un solo preso en Inglaterra y Gales cuesta aproximadamente 67.000 libras al año.

Para empeorar las cosas, las investigaciones han demostrado que el enfoque actual de los delitos relacionados con el cannabis afecta de forma desproporcionada a los jóvenes y a las personas de raza negra, asiática y pertenecientes a minorías étnicas (BAME).

Los datos del Servicio de Prisiones y Libertad Condicional de Su Majestad muestran que el 45% de las personas encarceladas por delitos relacionados con las drogas son menores de 30 años, y que las personas de etnia BAME representan el 29% del total de la población reclusa relacionada con las drogas a pesar de representar sólo el 13% de la población general.

Los delitos no violentos relacionados con el cannabis suponen una carga considerable para los recursos penitenciarios y el sistema de justicia penal del Reino Unido, con un impacto desproporcionado en los jóvenes y las personas de etnia negra.

Así pues, los daños causados por la prohibición del cannabis son generalizados y de gran alcance, y afectan a las personas, las comunidades y la sociedad en general.

Legalizar y regular la venta de cannabis resolvería muchos de estos problemas y permitiría seguir investigando sus posibles beneficios.